jueves, 28 de noviembre de 2013

EL DERECHO A LA REBELION

En los momentos en que la represión aprieta, como ahora, cuando desde el gobierno español quieren imponernos una ley represora, cercenadora de libertades y antidemocrática…, quienes discrepamos del actual estado de las cosas tendemos a ponernos a la defensiva. Es algo normal, pues el poder que tenemos enfrente es grande, y, a veces, parece imposible oponerse a él con eficacia, ganado terreno, y avanzando en la consecución de nuestras demandas.
Por eso, hoy, en vez de hablar de la defensa de los derechos humamos y las libertades básicas, daré un paso conceptual hacia delante y hablaré del derecho a la rebelión.  Es decir del derecho que asiste al pueblo soberano para rebelarse ante las leyes injustas, y contra las injusticias manifiestas.
Lo haré utilizando las palabras de dos grandes filósofos, que, sin duda alguna, han tenido una gran importancia a la hora de construir el pensamiento occidental, así como en  la manera de entender la política y de construir las sociedades modernas. Me refiero a Baruch Spinoza y a John Locke. Ambos reconocieron y teorizaron sobre este derecho. El derecho del pueblo a la rebelión.

El óptico holandés, racionalista heterodoxo y precursor de la ilustración, tenia por cierto que ““(Los gobernantes) No pueden infringir o ignorar abiertamente las leyes de las cuales han sido ellos mismos autores. En ese caso no mantendrían la autoridad, pues no les  es posible ser y no ser al mismo tiempo” (…) “Por último no podrán (los gobernantes) hacer el bufón,  asesinar o robar  a sus súbditos, ni hacerse cómplices de crímenes tan graves, sin que el miedo se cambie en violencia. Y por consecuencia el estado político se transforme en estado de guerra”. Palabras que parecen escritas para definir el comportamiento de muchos de nuestros actuales gobiernos e instituciones.
Ante ello Spinoza tenía claro que “El contrato o leyes por las cuales la multitud delega su derecho a una asamblea o a un hombre, deben, sin duda alguna, romperse cuando el bienestar general reclame semejante infracción.
Unos años más tarde,  el filósofo inglés John Locke escribía: “Siempre que los legisladores tratan de arrebatar y destruir la propiedad del pueblo, o intentan reducir al pueblo a la esclavitud bajo un poder arbitrario, están poniéndose a sí mismos en un estado de guerra con el pueblo, el cual, por eso mismo, queda absuelto de prestar obediencia, y libre para acogerse al único refugio que Dios ha procurado a todos los hombres frente a la fuerza y la violencia. Por lo tanto, siempre que el poder legislativo viole esta ley fundamental de la sociedad, y ya sea por ambición, por miedo, por insensatez o por corrupción, trate de acumular excesivo poder o de depositarlo en manos de cualquier otro, es decir, un poder sobre las vidas, las libertades y los bienes del pueblo, estará traicionando su misión; y, por ello mismo, estará trocando el poder que el pueblo puso en sus manos, por otro con fines distintos. Y al hacer esto, estará devolviendo al pueblo el poder que éste le dio, y el pueblo tendrá entonces el derecho de retomar su libertad original y el de establecer un nuevo cuerpo legislativo que le parezca apropiado y que le proporcione protección y seguridad, que es el fin que perseguía al unirse en sociedad”.
Volviendo a la actualidad, me gustaría acabar este artículo recordando una de las consignas que coreaba la gente de la PAH en Cataluña, una consigna que resume muy bien la cuestión, pues en el fondo todo se resume en saber “quién lleva la batuta, el pueblo organizado o el banquero hijo de puta” Es decir, o somos capaces de rebelarnos y cambiar este simulacro democrático en que vivimos, o estaremos abocados a ser gobernados bajo los intereses y designios de plutócratas inmisericordes ajenos al bien común.