lunes, 14 de octubre de 2013

TRAS LA PREVISIBLE IMPLOSIÓN DE ESPAÑA


Las pertinentes e importantes preguntas que se realizan desde DIAGONAL, no son en absoluto fáciles de responder. En mi caso, dado que no conozco en profundidad el caso catalán, intentaré hacer una aproximación a los temas que se plantean en términos generales. Sin duda, influido por la realidad que mejor conozco, la de la sociedad vasca.
Desde Euskalherria, se ve con gran ilusión y esperanza el proceso abierto en Cataluña. También las personas y grupos que apostamos por el cambio social, vemos -en general- con esperanza este proceso. Dicho esto, al igual que en nuestro propio devenir hacia la soberanía, constatamos que ese proceso no está exento de contradicciones, como no podía ser de otra manera.


El gran auge del independentismo catalán, y la consolidación de un frente político (de centro izquierda soberanista) en Euskalherria (EH BIlDU),  son causa y consecuencia del desmoronamiento del llamado Estado Autonómico.
La España que nació de la transición hace aguas. Las  vías de agua fundamentales de este naufragio son: la generalización de la corrupción al conjunto del sistema político; la profunda crisis económica, muestra de que el modelo de crecimiento económico español era un fraude;  las corrientes secesionistas en aumento. Ni que decir tiene, que todas ellas interactúan de distinta forma en Cataluña  en Euskalherria, en Andalucía… 
El modelo de Estado, que se puso como ejemplo de modernidad y sensatez, tenía los pies de barro. Por ende, la sacro santa transición democrática, también puesta como modelo de buen hacer democrático, se muestra ahora en toda su desnudez: llena de carencias, miradas hacia otro lado, problemas de fondo sin resolver. Lo mismo se puede decir de la constitución, o de la monarquía pseudo parlamentaria.
Ante esta situación, se abren procesos ilusionantes, no sólo para las naciones que aspiran a la independencia, sino para el conjunto del Estado Español.
España, si quiere sobrevivir como Estado, necesita una profunda regeneración democrática; que incluya -entre otras cosas como el fin de la monarquía- el respeto al derecho de autodeterminación de las naciones que la componen.
Por otro lado, cuando digo procesos ilusionantes, me refiero -además-  a la posibilidad de que los nuevos Estados (o los nuevos  entes políticos en la forma en que se constituyan) que surjan de la descomposición española sean más democráticos y con mayores cotas de justicia social.
La construcción de lo nuevo tiene la virtud de provocar ilusión, energía…, que si somos capaces de encauzar de manera adecuada puede coadyuvar a la consecución de esos objetivos.
Estos últimos meses, he tenido la ocasión de viajar por distintos lugares del Estado Español, y he visto con alegría cómo resurgían fuerzas telúricas, nacidas desde abajo, fuerzas por el cambio... Fuerzas que tratan de utilizar las potencialidades revolucionarias de la crisis actual: política, económica, ecológica, energética…  Movimientos como la PAH, el SAT, 15M…, por citar sólo algunos de los más conocidos, que propugnan cambios sociales radicales. No he visto, en cambio,  que la unidad de España esté entre sus prioridades.
Además, estos movimientos han surgido con especial fuerza en Cataluña y  se entrecruzan con el movimiento independentista. Ello es un motivo más para la esperanza. También percibo nuevas complicidades, solidaridades de clase, afinidades… entre personas y movimientos de distintos lugares del Estado Español. En la mayoría de los casos son redes aun en pañales, pero con perspectivas de desarrollarse en el futuro.
Si algo demuestra el desmoronamiento español, es que la historia no está hecha de verdades eternas, ni de dogmas incuestionables.  Todo depende de nosotras. De la energía que seamos capaces de desplegar, de la imaginación y acierto político que desarrollemos, de las complicidades que seamos capaces de tejer entre unas y otras… de todo ello dependerá el escenario futuro tras la previsible implosión española.

Juan Ibarrondo

(Escritor y periodista)