domingo, 12 de junio de 2016

PUNTOS CIEGOS


Hace ya más de dos décadas desde que Guy Debord, el filósofo situacionista francés, aseguraba que la información verdaderamente relevante circula entre pocas manos y en unas pocas copias de papel impreso. Una idea que le llevó a acuñar el término “sociedad del secreto”, que conviviría de forma paralela a la “sociedad del espectáculo”.
En efecto, hoy en día, asistimos con normalidad al hecho de que temas vitales para la ciudadanía, como las negociaciones del TTIP, se realicen a puerta cerradas y sin taquígrafos; o bien, a como se reúnen estos días, en cierto hotel de lujo de la ciudad alemana de Dresde, los “dueños del mundo”, en un cónclave  absolutamente opaco del que no se informa ni poco ni mucho a la opinión pública.
Una opinión pública a la que se alimenta mayoritariamente con información basura. Sin embargo, de forma paradójica, existe una sobredosis de información banal, o banalizada, sobre una infinita variedad de cosas sin conexión las unas con las otras, extraídas además de cualquier contexto comprensible. 
La red de redes, ha contribuido de forma importante al aumento de ese ruido, que impide distinguir el trigo de la paja en su inmenso caudal.  Pues, aun cuando puedan encontrarse en las redes algunas informaciones de interés, y a pesar de que nos sirve a veces para romper censuras y ocultaciones interesadas, en general sigue la corriente que marcan las modas y los temas informativos que marcan los grandes medios de comunicación, la publicidad... 
De manera, que los medios de comunicación convencionales son los que marcan buena parte de la temática política que se discute en las redes, y esta temática tiene puntos ciegos: espacios informativos en los que no está permitido adentrarse; algo que ya denunciaba Noam Chomsky en su libro “La V libertad” refiriéndose a los medios de los Estados Unidos -que muchos ponen como ejemplo de libertad informativa-  y su unanimidad sobre ciertos temas sobre los que no se permiten discrepancias.
¿Por qué no se publica nada -o  casi nada-  en los medios españoles sobre las huelgas en Francia? ¿O sobre el movimiento la nuit debout en aquel mismo país? ¿Por qué cada vez se informa menos sobre las incesantes muertes de personas migrantes en el mediterráneo?
Además,  lo poco que se informa sobre estos temas se manipula y tergiversa, ligando de forma sistemática las protestas a “acciones vandálicas que ponen en peligro la democracia”, en el caso francés; o bien resaltan la maldad de las mafias en el de las personas refugiadas exculpando así a los gobiernos europeos.
De una parte, el ruido espectacular de la Eurocopa y otras banalidades similares impiden escuchar esas informaciones, pero también existe una verdadera autocensura (o selección interesada de la información)  entre las grandes empresas de la comunicación. Como el señor Cebrián, directivo de PRISA que participa en las reuniones secretas de Dresde pero que no informa sobre su contenido a sus lectores. Mientras, el resto de medios, un poco por inercia y otro poco por interés, sigue la corriente que marcan las grandes corporaciones mediáticas.
Podría pensarse que la agenda informativa local está a salvo de estas tendencias, y en cierto modo es así, sin embargo: ¿Por qué una noticia tan relevante como la prohibición -vía decisión judicial- de aplicar clausulas sociales a la DFA, no ha tenido casi reflejo en los medios locales?
De una parte, el ruido mediático local, ocasionado por  los triunfos de Baskonia y Alavés, junto a otras banalidades electorales, impide escuchar la información relevante.
¿Quién maneja los hilos del deporte y la comunicación de masas en Vitoria Gasteiz? ¿Qué intereses económicos representa? ¿Qué peajes y servidumbres exige a la clase política? ¿Tienen esos peajes que ver con la negativa de ciertos partidos a aumentar el IAE a las grandes empresas?  Son preguntas sin respuesta, sobre las que nada más podemos especular,  pues forman parte de esa sociedad del secreto de la que hablaba Debord.

 Por otro lado, tal vez suceda también que los propios políticos no se sienten demasiado proclives a informar sobre asuntos que dejan bien a las claras su cada vez menor poder de decisión, rayano en la irrelevancia en cuestiones económicas, temerosos quizá de que la gente, escarmentada, acabe por no votarles.  

Juan Ibarrondo (Ilustración Javier Hernadez Landazabal)

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