Según la etimología latina, la palabra cultura proviene
del verbo colere, que significa
cultivar; un término que tiene la doble acepción de cultivar un terreno o bien
una relación entre personas. Aunque tal vez ambas cosas no sean tan diferentes.
Pues tanto las plantas del huerto como las relaciones entre personas necesitan
de cuidados para crecer.
Así pues, cuando desde el ámbito de la cultura reclamamos la paz, podemos decir que abonamos
el terreno para el cultivo de una
relación diferente entre distintos. Afirmar -siguiendo con el juego de
significados- que estamos sembrando la posibilidad del respeto a los derechos de quien es diferente.

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