lunes, 14 de enero de 2013

CONCEJOS Y DEMOCRACIA DE BASE




Estamos acostumbrados en esta sociedad -que alguien definió acertadamente como sociedad del espectáculo- a que la retórica de los políticos y sus prácticas vayan por caminos divergentes. En Araba, hemos tenido un buen ejemplo de ello con la reciente propuesta del equipo de gobierno de la DFA sobre los concejos alaveses.
Para quien no lo sepa, los concejos son entidades locales que vienen funcionando en Alava desde hace siglos en pequeñas localidades. Su funcionamiento es asambleario, y el trabajo que realizan las personas elegidas en asamblea es voluntario. Fomentan el auzolan para arreglar infraestructuras, cuidan del común, y llevan a cabo funciones básicas necesarias en cualquier comunidad como la gestión del agua, las basuras, el alumbrado público, la gestión de los montes comunitarios… 



Ahora que se habla tanto de democracia participativa, del desapego de los ciudadanos de la política… cualquiera que conociera de cerca este funcionamiento concejil se quedaría maravillado de semejante rareza participativa; y apostaría sin duda por apoyarlo desde las instituciones “mayores”, como son los ayuntamientos y la propia diputación.
Pues no, para el diputado general, el popular Javier de Andrés, los concejos son algo que funcionó muy bien en el pasado, pero que ya no. Por tanto, propone quitarles algunas de sus funciones más importantes que se traspasarían a los ayuntamientos. Según esa visión de las cosas, los concejos son una especie de reliquia del pasado, tal y como decían del euskera hasta hace no tanto muchos de los correligionarios del señor Andrés. Sin embargo, al igual que en el caso de la lengua vasca, los concejos siguen funcionando contra viento y marea. Con sus problemas, como cualquier organización, pero cumpliendo sus funciones con una eficacia que ya quisieran para sí muchos ayuntamientos: actualmente endeudados hasta las cejas, por su pésima gestión, cuando no cosas peores.
Es lugar común en los discursos de la práctica totalidad del arco político, afirmar que es necesario fomentar la participación ciudadana, que la gente debe implicarse más en la cosa pública. En cambio, cuando esa participación se da de hecho, parece que algunos les entra el pánico, e impulsan actuaciones totalmente contrarias a lo que predican. De la misma manera, otro discurso políticamente correcto es valorar la protección del medio ambiente, y se gastan buenas sumas de dinero en campañas para concienciar a la ciudadanía en la necesidad de respetar la naturaleza, cuidar nuestros montes… Un discurso que vuelve a divergir de la práctica política cuando se laminan las competencias de los concejos, que han contribuido de manera  importante, a través de los siglos, a la conservación del patrimonio natural de nuestro territorio.
Así las cosas, será necesario una vez más que sea la propia sociedad, la de los pueblos grandes y pequeños, pero también quienes vivimos en la ciudad, asuman la defensa de los concejos y del sistema concejil. Si es necesario con todo tipo  movilizaciones que consigan parar este desafuero.