martes, 26 de junio de 2012

SLOW POLITICS.


La reciente comparecencia de víctimas de la violencia política, la conocida como Iniciativa Glencree, nos enseña, entre otras cosas, a valorar el silencio y la pausa en una sociedad marcada por el  ruido y la prisa. Ruido político y mediático que, en ocasiones, enturbia -y hasta imposibilita- cualquier posibilidad de entendimiento entre diferentes.
En esos casos, es necesario apartarse del estruendo y tomarse un tiempo para la reflexión: un tiempo lento, diferente al que marcan las vertiginosas agendas de los medios de comunicación y los partidos políticos. Precisamente, eso es lo que han hecho las víctimas agrupadas en esta iniciativa. Durante los últimos cinco años, se han venido reuniendo en lugares apartados, sin prisa pero sin pausa, hasta conseguir que de su dolor compartido brotara una semilla de esperanza.
Son victimas de ETA, GAL, BVE y violencia policial, que han sabido dejar a un lado sus diferencias y compartir el sufrimiento. Sin hipocresías, pero con espíritu de alcanzar unos mínimos de consenso que ahora trasladan al conjunto de la sociedad. De nosotros depende recoger la mano tendida que nos ofrecen. Especialmente de quienes tienen cargos de responsabilidad política, y de la clase política en general. De ellos, y de los responsables de los medios de comunicación, depende no politizar en el peor sentido de la palabra esta iniciativa; es decir, no utilizarla como arma para el enfrentamiento político sino como instrumento de paz.
Para ello, no estaría de más que tomaran nota e inauguraran en este tema -y también en otros- una nueva forma de hacer política. Una nueva manera que, si me permiten el neologismo, podríamos denominar como slow politics. Para mí, es una satisfacción poder escribir, en esta última columna antes de las vacaciones, sobre una noticia para variar esperanzadora. Que pasen ustedes un buen verano y hasta pronto.